Con la intención cargada, y dispuesta al disparo, nos dejamos arrastrar por la ilusión de encontrarnos con el atractivo varonil,profundamente seductor y femenino , de una villa monumental y turística,ahora lejos del bullicio del verano,con la tranquilidad y el sosiego del otoño;Envuelta en unos velos de sedosos tonos dorados que las piedras recogen y devuelven al entorno, en una atmósfera cálida,que recuerda el reconfortante ambiente de la lareira,en el hogar gallego.
Cambados nos abre sus noches húmedas de blanco alvariño.